El cielo y el infierno de la educación virtual actual

Publicado: 8 junio, 2021


La educación virtual puede ser vista como una oportunidad, o como un retraso en materia de resultados académicos. La vida familiar es ahora un contexto en el que hay que abrir un espacio al ambiente escolar. 

La mente humana está más habituada a mirar lo que no funciona, en lugar de mirar lo que sí funciona. De esta manera, se ha normalizado valorar más lo negativo que lo positivo. El cerebro para protegernos y garantizar la supervivencia, realiza anticipaciones fatalistas. 

Si tomamos en cuenta esta tendencia natural de nuestra mente, y a eso le agregamos la frase “pandemia, quédate en casa, aprende en casa”; comprenderemos que los conflictos, las discusiones, el agotamiento, la indiferencia, la desorganización y la preocupación para llegar a la meta académica, vaya en aumento. 

A casi tres meses de modalidad de enseñanza a distancia, comienza a asomarse un clima de tensión entre las familias y las instituciones educativas.

Ambos sistemas necesitan comprender que para lograr resultados escolares exitosos; se requiere construir una nueva forma de comunicación que dé orden y enfoque, y active una educación para el S. XXI.

La educación virtual y la realidad que vivimos

Ahora que el regreso a clases en modalidad presencial está todavía a la distancia, es preciso soltar la etapa de negación en la se encuentran muchas familias y escuelas. Y, por el contrario, hacer alianza para crear soluciones efectivas que sostengan a las generaciones que están en etapa escolar.

Si queremos superar esta crisis educativa, “hacer lo que se pueda” ya no será una respuesta aceptable para disminuir el estrés que estudiantes, familiares, docentes y directivos están experimentando en el día a día. Tratar de dar solución a la problemática utilizando estrategias clásicas y tradicionales, no es congruente, ya que lo clásico y tradicional está siendo obsoleto. 

Las estrategias y planeaciones que pretenden dar organización a la mente, excluyendo el factor emocional; traen como consecuencia que escuelas y familias desconfíen, se critiquen, se sobre exijan y se justifiquen. Creando un círculo crónico de reclamos y de incomodidades que pareciera un total infierno.

Son cada vez más las instituciones y las familias que se des-encuentran, en lugar de encontrarse. Este clima es poco favorable e influye de manera significativa en el aprendizaje de los estudiantes. Sobre todo, de los que pertenecen a educación básica, ya que requieren del acompañamiento de los padres para estudiar en casa. 

Un acuerdo escuela-familia nos sintoniza con el bienestar para seguir adelante, proyectando de manera conjunta un futuro educativo esperanzador y favorable. Es vivir el cielo en la tierra. Y juntos mirar al futuro; mirar a la infancia. 

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